El título de este artículo pregunta: “¿Es la Iglesia católica la única iglesia verdadera?”

El subtítulo es otra pregunta relacionada: “¿Es la iglesia madre a la que todos los protestantes deberían regresar?”

A medida que avancemos, responderemos a estas dos preguntas.

Hay veinticuatro expresiones diferentes del catolicismo, con aproximadamente 1.3 mil millones de adherentes en todo el mundo. La Iglesia católica romana, también conocida como la Iglesia latina o la Iglesia católica de Occidente, tiene la mayor cantidad de miembros (alrededor de 98.6%). Veintitrés otras Iglesias católicas componen la Iglesia católica oriental (totalizando solo alrededor de 18 millones de miembros). Esto incluye divisiones como la Iglesia católica armenia, la Iglesia católica copta y la Iglesia católica etíope. Todas tienen autonomía (descrito como sui iuris, una frase en latín que significa ‘de derecho propio’), sin embargo, son sumisas al papa, quien también es reconocido como el obispo de Roma. Aunque están unidas en áreas esenciales de dogma y práctica, los ritos litúrgicos de estas diversas expresiones del catolicismo pueden diferir en algunos aspectos.

La palabra católico significa ‘universal’, una implicación de que la Iglesia católica en su totalidad es la iglesia universal. La Iglesia católica romana es, en un sentido, el centro de la rueda; es el rito romano o la tradición romana de la cual se extienden los otros rayos.1

Las aserciones exclusivas del catolicismo

Numerosas veces a lo largo de los siglos, en reuniones de concilio y por medio de documentos papales oficiales, se ha reafirmado la creencia de que la Iglesia católica alega ser la única iglesia verdadera. El Cuarto Concilio de Letrán de la Iglesia católica celebrado en 1215 d.C. emitió la declaración: “Hay una Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual no hay absolutamente ninguna salvación”.2

El Concilio de Trento, celebrado poco más de tres siglos después (1545-1563 d.C.), fue llevado a cabo principalmente para contrarrestar la influencia de la Reforma protestante. También afirmó que la Iglesia católica es la “madre y señora de todas las iglesias”, “fuera de la cual nadie puede salvarse”.3

En una encíclica titulada Mortalium Animos, publicada el 6 de enero de 1928, el papa Pío XI, refiriéndose a la Iglesia católica y al papado, insistió: “En esta única Iglesia de Cristo ningún hombre puede ser o permanecer si no acepta, reconoce y obedece la autoridad y supremacía de Pedro y sus sucesores legítimos”.4 También afirmó acerca de otras denominaciones cristianas: “Si, como afirman continuamente, anhelan estar unidos a nosotros y los nuestros, ¿por qué no se apresuran a entrar en la Iglesia, ‘la madre y señora de todos los fieles de Cristo’? Que escuchen a Lactancio gritar: ‘La Iglesia católica está sola en mantener la verdadera adoración. Esta es la fuente de la verdad, esta la casa de la fe, esta el templo de Dios: si alguno no entra aquí, o si alguno sale de ella, es ajeno a la esperanza de vida y salvación’”.5

Una declaración emitida después del Concilio Vaticano II (1962-65) reafirma, “Es sólo a través de la Iglesia católica de Cristo, que es el medio general de salvación, que la plenitud de los medios de salvación puede obtenerse”.6 Sin embargo, el mismo documento proveyó un puente para que los cristianos descarriados regresen, instruyendo: “Los católicos deben verdaderamente reconocer y estimar las dotaciones cristianas derivadas de nuestra común herencia, que se encuentran entre nuestros hermanos separados, y deben esforzarse por el restablecimiento de la unidad entre todos los cristianos, haciendo un esfuerzo común de purificación y renovación”.7

El catolicismo se basa en la premisa inmutable de que no hay otras expresiones legítimas del verdadero cristianismo. Sectas protestantes y grupos cristianos sin denominación aparentemente son considerados “hermanos separados” que deben ser “purificados” de falsas creencias y experimentar una “renovación” del compromiso con la madre Iglesia. Cualquier reunificación debe incluir la sumisión al papa como vicario de Cristo y la aceptación de las doctrinas y los sacramentos de la Iglesia. No hay término medio. Aunque esta es la postura oficial de la Iglesia católica, reconozco que hay muchos católicos genuinos y amorosos que son más indulgentes, más liberales, más aceptantes de aquellos que pertenecen a denominaciones cristianas no católicas, o iglesias cristianas sin denominación, y aprecio profundamente esa generosidad. Independientemente, el fundamento de la doctrina católica en esta área permanece sin cambios.

¿Qué es la verdadera iglesia?

Esta idea de que la Iglesia católica es la única iglesia verdadera fue arraigada en mí cuando era niño. Sin embargo, ahora estoy convencido de que ese punto de vista no es ni teológica ni lógicamente correcto. Estoy persuadido de que la verdadera “iglesia” no se identifica por el rol de la membresía de ninguna organización, católica o no. Sólo porque alguien lleva el título de una denominación —“católica”, “ortodoxa griega”, “bautista” o “luterana”, etcétera— eso no indica automáticamente la inclusión en la familia de Dios.

La verdadera “iglesia” no es una organización, sino un organismo, un cuerpo vivo de creyentes unidos por creencias comunes y por una experiencia común de corazón. Se compone de todos los que han nacido de nuevo, “vivificados” en Cristo, habiendo recibido la morada interna del Espíritu de Dios que resulta en la “regeneración” de un espíritu nuevo que es “creado…en justicia y santidad de verdad” (Tito 3:5, Efesios 2:1; 4:24).

La iglesia profesante: los católicos constituyen un poco más de la mitad de los 2.6 mil millones de adherentes al cristianismo en todo el mundo. Todos estos (católicos, protestantes y cristianos sin denominación) forman ese grupo que podría llamarse la “iglesia profesante” (aquellos que “profesan” la fe en un Cristo histórico: Su origen divino, nacimiento de virgen, vida sin pecado, mensaje, muerte, sepultura, resurrección y ascensión).

La iglesia poseedora: En el núcleo de la “iglesia profesante”, hay un grupo más pequeño en número que podría llamarse la “iglesia poseedora” (aquellos que no sólo “profesan” la fe en un Cristo histórico, pero en realidad “poseen” una relación personal con Él y el compromiso de vivir un estilo de vida basado en la Palabra). Creyentes de muchas denominaciones (incluidos algunos católicos), y aquellos que no tienen afiliación denominacional alguna, se encuentran dentro de este grupo más pequeño. La “iglesia poseedora” es la verdadera iglesia. Sus miembros no están listados en un directorio creado por el hombre; son discernidos espiritualmente, y están “inscritos en los cielos”, en el “libro de la vida” (Hebreos 12:23, Filipenses 4:3).

Conocerlo a Él, no solo conocer acerca de Él

Las siguientes oraciones son extremadamente importantes. Por favor subráyalos en tu mente y corazón. No basta con solo asentir intelectualmente a la existencia histórica del Señor Jesús y lo que Él logró. Los verdaderos creyentes no solo conocen acerca de Él; ellos lo conocen personalmente. Esa verdad se confirma en una de las primeras líneas de la gran oración intercesora de Jesús para todos los creyentes del Nuevo Testamento por venir. Él declaró:

     “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has enviado”. (Juan 17:3 RVA-2015)

Fíjate, el Salvador no dijo: “Para que conozcan de ti, Padre”; dijo “que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has enviado”. En otro pasaje, Jesús también declaró:

     “Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen”. (Juan 10:14 RVA-2015)

Todos los años que funcioné como católico, fui fiel a la Iglesia. Yo amaba a Dios. Tenía pasión por servir a Dios. Pensé seriamente en convertirme en sacerdote o monje. Confiaba en las enseñanzas de la Iglesia (tal como se resumen en el Catecismo) y participé de los sacramentos, pero no conocía personalmente a Jesús. Nadie jamás me explicó cómo invitarlo a mi corazón y a mi vida. Sin embargo, esa es la esencia central del verdadero cristianismo.

Siendo engendrados de la Palabra de Dios y nacidos del Espíritu de Dios, trabajan juntos para traer a aquellos que tienen sed a una relación real con el Padre Eterno. (Ver Santiago 1:18, Juan 3:5 y más información en el artículo de este sitio web titulado “La maravilla de ‘nacer de nuevo’”). Recibir la Palabra de Dios (“la Palabra de vida”) y el Espíritu de Dios (“el Espíritu de vida”) en nuestros corazones juntos imparten el don de la vida eterna (1 Juan 1:1, Romanos 8:2). Estas son imparticiones que vienen de Dios y sólo de Dios. No se pueden impartir a través de una mera organización (la Iglesia católica o cualquier otra).

La verdadera iglesia no se construye mediante ningún programa, alcance o esfuerzo religioso. “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Salmos 127:1). Más bien, está unida por una experiencia común del corazón: un encuentro espiritual con el Salvador del mundo. Hechos 2:47 (RVR1995) revela: “el Señor añadía cada día a la iglesia” los que habían de ser salvos. Los apóstoles y discípulos no lo lograron solo con su esfuerzo; Dios lo hizo, sobrenaturalmente.

Funciona igual hoy día.

¿Es suficiente la siguiente concesión del Catecismo?

Para cerrar este artículo, es necesario poner bajo la luz bíblica dos párrafos consecutivos del Catecismo católico (CIC 846-847). Sobre la base de esta entrada del Catecismo, algunos católicos insisten en que la postura oficial moderna de la iglesia es diferente a la que he propuesto en este artículo, que en realidad es posible que los no católicos se salven. Aunque tal concesión suena teológicamente generosa, en realidad es mucho más constrictiva de lo que algunos pueden suponer. El encabezado del Catecismo, justo encima de los trespárrafos que se están examinando, reitera la posición histórica católica de que “fuera de la Iglesia no hay salvación”, y luego plantea la seria pregunta: “¿Cómo entender esta afirmación tantas veces repetida por los Padres de la Iglesia?”.

La respuesta que sigue es bastante reveladora: “Formulada de modo positivo significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su Cuerpo”. En otras palabras, cualquier expresión de la gracia salvadora, mediante la Palabra de Dios y el Espíritu de Dios, que se manifiesta en este mundo, proviene de la Iglesia católica, incluso si se manifiesta entre quienes no tienen conocimiento del catolicismo ni afiliación a él. Nótese la expresión “Formulada de modo positivo”. Es una forma de admitir que la franqueza de las afirmaciones anteriores pudo haber sonado negativa y difícil de aceptar, pero la nueva descripción, aunque comunica básicamente la misma idea, busca hacerla más positiva y atractiva. Comencemos con el párrafo central, el 847:

“Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna” (CIC 847).

Observa la declaración calificativa, “sin culpa suya”. Esa frase se repite dos veces más en estos tres párrafos del Catecismo (CIC 846-848). Esto sugiere que esta disposición se aplica especialmente a quienes nunca han estado expuestos a las afirmaciones del catolicismo. La razón por la que no respondieron no es el rechazo intencional de las doctrinas y prácticas del catolicismo, sino una desafortunada ignorancia. Es posible que pertenezcan a alguna religión no cristiana (hindú, musulmana, etc.), esforzándose por buscar a Dios dentro del marco de su comprensión errónea, así como por vivir una vida moral y buena, según su conciencia. Incluso si participan en una religión falsa, pueden, sin quererlo ni saberlo, estar alineándose con la Iglesia católica, por lo que “pueden conseguir la salvación eterna” (aunque, por supuesto, esto no se puede determinar con certeza).

Ambas situaciones podrían enmarcarse dentro de un concepto católico singular denominado “ignorancia invencible”. En otras palabras, su falta de comprensión no puede superarse mediante el mero esfuerzo humano. Sin embargo, a estas personas únicas, Dios puede concederles una gracia especial para “conseguir la salvación” si se esfuerzan por acercarse a Él con todas sus fuerzas, dentro de su limitado entendimiento (aparentemente, esto se basa parcialmente en Romanos 2:12-16, citado a continuación). No obstante, esta solución parece excluir a quienes, tras escuchar las afirmaciones del catolicismo, rechazan muchas de sus creencias y tradiciones, incluso si optan por someterse al Señor Jesús y seguir Sus enseñanzas sin convertirse al catolicismo. El pasaje del Catecismo que precede al citado hace inevitable esta conclusión. Léelo con atención.

El santo Sínodo […] “basado en la sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el único Mediador y camino de salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar con palabras, bien explícitas, la necesidad de la fe y del bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo como por una puerta. Por eso, no podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella” (CIC 846).

Si se toman al pie de la letra, estas dos entradas del Catecismo aparentemente cierran la puerta de la salvación a millones de creyentes devotos, amantes de Dios y renacidos, que han puesto con reverencia a Jesús en una posición de señorío sobre sus vidas, al tiempo que rechazan las pretensiones exclusivas del catolicismo.

“Aunque Dios, por caminos conocidos sólo por Él, puede llevar a la fe, ‘sin la que es imposible agradarle’ (Hb 11, 6), a los hombres que ignoran el Evangelio sin culpa propia, corresponde, sin embargo, a la Iglesia la necesidad y, al mismo tiempo, el derecho sagrado de evangelizer” (CIC 848).

Este último de los tres párrafos en los que nos hemos centrado lleva a algunos teólogos católicos a concluir: “En último análisis, sólo Dios conoce la cuestión de qué personas son y qué personas no son ‘ignorantes’ (y qué tipos de ignorancia lo son realmente ‘sin tener culpa alguna’)”.8

Esta postura doctrinal es insostenible a la luz de las Escrituras e inaceptable para el Salvador, quien pagó un precio tan alto para derramar Su gracia salvadora sobre aquellos que, sin vergüenza, depositan su confianza en Él. Rechazar la pretensión del catolicismo de ser la única iglesia verdadera no implica rechazar a Jesús ni la verdadera salvación.

En realidad, es todo lo contrario.

Para terminar, debo añadir que si se plantea este tema a la mayoría de los católicos —incluidos los sacerdotes— a menudo la respuesta será una declaración amable y gentil de que sólo Dios es el Juez de toda la humanidad y sólo Él determina quién recibe la salvación eterna.

Estoy totalmente de acuerdo con eso.

El pasaje bíblico que muy posiblemente constituye la base principal de la doctrina católica de la “ignorancia invencible” es el siguiente:

Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los dictados de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para sí mismos. Porque muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos, el día en que, según mi evangelio, Dios juzgará los secretos de los hombres mediante Cristo Jesús (Romanos 2:14-16).

Esto también se aplica a quienes desconocen el verdadero Evangelio.

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(Sugiero ir al Catecismo católico en línea y leer los párrafos 841-847 para tener una idea exacta de lo que la Iglesia católica cree en el área abordada en este artículo: https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p123a9p1_sp.html

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Referencias bíblicas

A menos que se indique lo contrario, todas las referencias bíblicas son de la NUEVA BIBLIA DE LAS AMÉRICAS (NBLA), Copyright © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. www.NuevaBiblia.com.

Notas finales

  1. Esta es una traducción al español de una cita que sólo está disponible en inglés en el siguiente enlace: Información obtenida de https://media.ascensionpress.com/2019/01/21/the-other-23-catholic-churches-and-why-they-exist/, consultado el 12/3/22. También, https://en.wikipedia.org/wiki/Latin_Church, consultado el 15/3/2022.
  2. Esta es una traducción al español de una cita que sólo está disponible en inglés en el siguiente enlace: https://sourcebooks.fordham.edu/basis/lateran4.asp, consultado el 24/8/2022.
  3. Esta es una traducción al español de una cita que sólo está disponible en inglés en el siguiente enlace: http://www.thecounciloftrent.com/ch7.htm, “On Baptism,” también, https://catholicism.org/the-tridentine-profession-of-faith.html, consultado el 9/11/2023.
  4. Esta es una traducción al español de una cita que sólo está disponible en inglés en el siguiente enlace: https://www.papalencyclicals.net/pius11/p11morta.htm, consultado el 24/8/2022.
  5. Ibid., consultado el 24/8/2022.
  6. Esta es una traducción al español de una cita que sólo está disponible en inglés en el siguiente enlace: https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_ con_cfaith_doc_19730705_mysterium-ecclesiae_en.html, consultado el 24/8/2022.
  7. Ibid., consultado el 24/8/2022.
  8. https://es.catholic.com/magazine/online-edition/dont-be-ignorant-about-invincible-ignorance?_gl=1*17x9tex*_gcl_au*NDM5Mjc4MjM0LjE3NjM1MTg3MzE.